LECCIÓN PRÁCTICA SOBRE LA LIMPIEZA DEL CORAZÓN
Margot Bremer rscj
“Emprendamos el camino de acuerdo con la ética del evangelio. Nadie es excluido: se ama a amistades y contrincantes. Al interactuar con gente diferente, la meta no es vencer al “otro”, sino la común búsqueda de la verdad. La solución no es mía ni es del otro, más bien es el misterio de caminar en armonía.” Diego Irarrazaval
Hice un esfuerzo enorme para “robarme” el tiempo para poder asistir, por lo menos parcialmente, al II Encuentro del MERCOSUR con los Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní, convocado por la Ministra de Educación y Presidenta de la Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO, Blanca Ovelar de Duarte que aconteció en el Instituto Superior de Educación (ISE) del 13 al 15 de junio. En este Encuentro, mucho se habló de los “aportes de la Cultura Guaraní a la Región del MERCOSUR”, de las “nuevas miradas antropológicas desde América Latina para la descolonización del Poder, del Saber y del Ser, de “permanencias, cambios, apropiaciones y expropiaciones en la configuración de nuestra Identidad”, de la preservación de las Lenguas Autóctonas como formas de resistencia e insurgencia simbólica”, de “paisajes culturales y territorio, alternativas para la valoración y revitalización del Patrimonio Intangible”, de las “tradiciones orales y las formas de expresión cultural como fundamentos para la Integración Regional” y finalmente de la “implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Diálogo Intercultural”. Predominaba en todos estos temas la intención de entablar un “Diálogo Intercultural con los Padres y Madres Guaraní” y para este fin habían invitado autoridades espirituales y éticas de la Cultura Guaraní, es decir sabios y sabias ancianos de Bolivia, Argentina, Brasil y sobre todo del Interior del Paraguay. En las aulas del ISE, éstos recibieron un lugar de honor y a su cargo estaba cada día el ritual de bienvenida por la mañana y de despedida por la noche.
Todos los participantes de la gran nación guaraní, dividida hoy por las fronteras políticas de en cuatro diferentes Estados, fueron alojados en uno de los edificios reservado para huéspedes en el gran complejo del ISE. Nos parecía maravillosa tal acogida, parecía un sueño que las dos culturas se acercaron en un diálogo al mismo nivel de dignidad, visible y palpable: la cultura originaria, viva e insurgente, hasta este momento poco apreciada por la población urbana, dialogando con la cultura moderna de corte más occidental por continuas colonizaciones europeas, que aún continúan. Parecía que con esta nueva mirada atrás, los contemporáneos habían dado un paso histórico hacia delante, al comenzar a valorar y acoger las raíces de la cultura de estas tierras las que nos brindaron los sabios y sabias ancianos guaraníes. Y todo indicaba que había un comienzo de reconocerlas como fundamento de la identidad cultural del Cono Sur. Pero un acontecimiento inesperado nos ayudó a bajar de las nubes de nuestros sueños, a “tocar tierra” y a recomenzar desde la verdadera realidad, y no de una realidad teórica-soñada.
Ocurrió en el segundo día cuando una delegación de futbolistas femeninas, una veintena de jóvenes canadienses, se presentó inesperadamente, con un día de antelación, en las mismas instalaciones dónde estuvieron alojados los huéspedes guaraníes del Cono Sur. Querían solucionar el problema de la siguiente manera: los huéspedes guaraníes fueron invitados en un colectivo hacer un tour por Asunción para conocer la capital paraguaya. Mientras tanto, todas sus pertenencias han sido desalojados y las habitaciones limpiadas y desinfectadas. Al volver los ancianos guaraníes, no podían entrar más, ni siquiera en los baños porque ya estaban desinfectados. Parecía que el Encuentro iba a terminar en un Desencuentro. Mientras que en las aulas oímos que hemos entrado en un proceso de “descolonización”, la realidad nos afirmaba otra cosa. La indignación que invadió a todos, hizo tomar diferentes decisiones y con esto comenzaron las divisiones. Unos continuaron en las aulas como si no hubiera pasado nada: se “tragaron“una vez más la humillación; otros, sin embargo, salieron y se quedaron debajo de los árboles en los alrededores, especialmente los de otras fronteras políticas, que manifestaron volver a su “país”. Fueron, sin embargo, advertidos por sus hermanos guaraníes, a no quedarse y viajar en este estado de “pochy” (enojo), sino deberían ahuyentar los malos espíritus antes del viaje. Por esta razón les invitaron a cantar un canto sagrado de sus antepasados. Al cantar ellos, me imaginaba como bajaron mediante su canto hacia el encuentro con sus antepasados los que habían sufrido humillaciones similares durante cinco siglos y, sin embargo, no les habían heredado ni amargura ni enojo, sino horizontes abiertos, sabiduría y generosidad. Les habían transmitido también el camino de la permanente purificación mediante los cantos sagrados. Para ellos era prioritario no perder su dignidad y mantener el equilibrio, la armonía y la generosidad en su interior. En la medida en que cantaron, pudo presenciar una metamorfosis en sus rostros: densos y cerrados al principio, se transformaron poco a poco en resplandecientes y brillantes lo que hizo visible el proceso de purificación interior. Ahora sí, podían marcharse en paz y armonía reconquistadas. Sin embargo, muchos todavía se quedaron; en un primer momento acompañados solidariamente por algunos de nosotros, los “blancos”, ya que la mayoría prefería escuchar nuevas exposiciones teóricas; de las aulas fluyeron de vez en cuando algunas palabras hacia nosotros de “afuera”, haciéndonos conscientes que para ellos este hecho ocurrido no tuvo ninguna trascendencia.
Con valentía y temor a la vez, se presentó de repente el flamante jefe de la Secretaria de Cultura para escuchar la “otra campana”. El dialogo intercultural, que en las aulas con palabras científicas había sido expuesto a partir de teorías e hipótesis’, comenzó - debajo de los árboles- a establecerse en la práctica, en toda la crudeza de su realidad. Mientras que el ministro hablaba como funcionario del Gobierno, no era posible entrar en un diálogo entre iguales en dignidad. Cuando un atrevido periodista le abrió los ojos respecto a la gravedad del asunto, ya que los ancianos y ancianas guaraníes habían sido pisoteados en su dignidad humana y que solamente con su reconocimiento mutuo se podría restablecer un diálogo, el ministro se despojó por momentos de su rol y se dejaba ver como persona humano. En estos instantes, el diálogo pudo comenzar, fue auténtico y real, sin embargo volvieron momentos, en los que él prefirió re-asumir su rol de ministro: defendió la situación desde intereses políticos, inalcanzables para la lógica de la cultura de los sabios cuyo eje principal es la igualdad en dignidad. El diálogo instantáneamente se ahogó en un monólogo, seguido por pesados silencios que continuaron de hablar por sí. Un indígena se afirmó, diciendo: “Ustedes nos robaron nuestras tierras, nuestros bosques, nuestro peces en los ríos, lo único que no nos pueden robar es nuestra dignidad.” De repente una mujer irrumpió esta atmósfera densa con el grito: “¡El día se está cayendo, que la noche no nos encuentre con el corazón sucio!” y con eso se terminó de todo el diálogo ya medio hundido. El ministro hizo bajar de una camioneta los colchones recién comprados para colocarlos bajo los árboles. Sobre ellos se acomodaron los guaraníes para prepararse, antes de dormir, a la oración, el canto sagrado, el baile y la toma de chicha, volviendo a su identidad comunitaria e incluyente. Canto y baile sagrados, acompañados por los golpes de la tacuara de las mujeres, evocaba el misterio de la vida, vida en la tierra escondida que esperaba ser despertada con ternura y sin rencor. El encuentro con Ñanderuvusú en esta oración fue el re-encuentro con su horizonte de creación y permanente re-creación y esta visión liberadora les ayudó a re-encontrarse consigo mismo, en equilibrio y armonía, a purificar el corazón y a tomar decisiones sensatas y sabias para el día siguiente. Se decidieron por la continuación. Frente al abismo entre palabras y hechos del “blanco”, vieron claramente que si rompieran con el diálogo recién iniciado, la situación de indiferencia hacia su cultura podría estancarse más aún. Se acordaron que fueron llamados para aportar los valores de su cultura guaraní a los de cultura moderna del Cono Sur con la intención que éstos la reconocieran como su fundamento. Por causa de esta oportunidad única que los “blancos” les habían brindado con la invitación, ellos aparecieron al día siguiente en las aulas con su habituado ritual de bienvenida y en el cierre con sus bendiciones finales después de haber apelado a la dignidad humana que nos une como seres humanos y al hecho de que todos habitamos la misma tierra guaraní. La tierra sufre con nuestra mala convivencia. Debemos tratarla bien, ya que un corazón contaminado también contamina a la tierra. Por eso, solamente con un corazón limpio podemos mantener limpia a esta tierra. Como ella, pura y hermosa, así debe ser nuestra convivencia en ella. Hacer bien a la tierra es limpiar nuestros corazones; ella nos enseña que debemos buscar siempre de nuevo “la tierra sin mal”.
“Hay que seguir construyendo caminos nuevos, ya que nadie los puede dar hechos”, concluyó el invitado de Ecuador, el antropólogo Patricio Guerrero, quien a continuación sintetizó aquella Jornada tan particular -con sus encuentros y desencuentros- en tres ejes: 1. La particularidad de este Encuentro ha demostrado claramente que la resistencia indígena está superada, han entrado en la etapa de se insurgencia. 2. La Región Cono Sur ha reconocido que no debe seguir más la hegemonía del conocimiento intelectual desde que ha reconocido (por lo menos en teoría) la potencialidad de las sabidurías existentes en la cultura guaraní. 3. La sabiduría está ligada a la afectividad, ya que surge de la experiencia del corazón y no del reino de ideas y conceptos, reino de la razón. Aquella íntima relación ellos nos demostraron en el cierre, cuando el iniciador de toda la jornada - por su amplio horizonte- fue comparado por nuestro huésped Patricio Arias con el arquero de la luna, lo que a éste le hizo llorar de emoción. Fue la señal para aquellos ancianos y las ancianas los que habían purificado su corazón el día anterior, a subir al escenario y a abrazar y bendecirle. Su afecto expresado en este momento al “afectado”, es parte irreductible de su gran sabiduría.
Pequeña reflexión bíblica
Yo personalmente he recibido en aquella Jornada una gran lección de los sabios guaraníes. Hay que ser tenaz y transparente para poder permanecer fiel a un camino emprendido con una meta grande. Hace falta estar convencido de que es posible llegar hacia ella, pero solamente si uno está dispuesto a limpiarse su corazón después de cada enojo, superando el dolor que le haya causado, esforzándose a recuperar el horizonte abierto y enfocando la causa desde la meta final, no solamente desde el dolor actual. El pochy (enojo) no ensucia solamente el propio corazón y le quita luz para ver, sino contamina también al corazón de los demás.
Aquel acontecimiento me hizo pensar en nuestra época que tanto se fija en lo exterior de la persona: la apariencia, lo material, la eficacia y el éxito, totalmente contrarios a la mirada de los sabios guaraníes que se preocupan más por el interior: el corazón. La actitud de aquellos sabios de tan inmensa espiritualidad me hizo recordar la propuesta de Jesús, que él expresó en las bienaventuranzas, especialmente esta palabra:“bienaventurados los de corazón limpio, pues ellos verán a Dios “ (Mt 5,8). Ninguna de las bienaventuranzas embellece o silencia la dura realidad. El hecho ocurrido en el Encuentro con los “Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní” ilustra esta verdad. Con éstas, Jesús nos propuso recrear en nuestro interior una actitud plenamente humana y humanizadora la que busca transformar el mundo, mirándolo desde el horizonte de un Dios Padre y Madre, Creador del Cielo y de la Tierra. Acciones y palabras dirigidas hacia los demás, para tener eficacia, deben surgir desde esta mirada de Dios, un Dios cuyo sueño es la Vida en Plenitud y Unión con toda la creación (Jn 10,10).
¿Cuándo llegará el día en que juntemos nuestras vidas y caminemos juntos, con un corazón puro, hacia la “tierra sin mal” la que todos anhelamos?