Teología Guaraní del caminar (oguata)

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Miercoles, 18 de Junio de 2014
 

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“El comienzo de la teología del caminar hay que buscarlo en los mitos de creación. Según el pensamiento guaraní el mundo divino guarda relación con el terrenal, pues los seres que encontramos en este último, tienen su expresión verdadera, perfecta, incorruptible, en aquel espacio tiempo donde mora Dios”[1]. Los rasgos característicos del Dios creador se presentan al principio del mito MAINO I REKO YPYKUE: nuestro padre, es decir el que engendra la vida, el que transmite la cultura y guía la comunidad, el absoluto, el primero, principio y fin último de todo. El cuerpo de Ñamandu será el modelo para la creación del hombre. Es posible que de allí la creencia de que se puede lograr un estado de aguye que es tan incorruptible, perfecto, que no permite la muerte sino se traslada con su cuerpo al mundo divino. El cuerpo terrenal podría identificarse con el divino, si la identidad entre el mito y la sociedad humana se estrechara, si toda distancia fuera abolida hasta el punto de sobrepasar espacio y tiempo para retornar a aquel momento originario de donde había salido. Sin embargo, esto es cada vez más difícil a realizar en la sociedad actual que se caracteriza por el desmonte, la inseguridad de tierra, la contaminación del agua y del aire, la muerte de los animales por agrotóxicos, el sistema escolar que acultura a los niños etc.,etc…Llegar al estado de aguye implica no sólo oraciones y ritos, sino una alimentación tradicional, un modo especial de trabajar y relacionarse según las estrictas pautas guaraníes (72).

El apyka simboliza el nacimiento en el sentido de encarnarse, tiene la imagen de “tomar asiento” (oñemboapyka).Lugar donde se asienta materializa el centro. El apyka es el primer elemento que Ñamandu hace surgir de la oscuridad originaria; es el objeto ritual que simboliza el encarnarse. “Tomar asiento” es hacerse un ser humano, ser engendrado. Se usa el apyka para la celebración de recibir el nombre en que el alma divina ingresa en el cuerpo del niño por la coronilla. Hay un movimiento de ascenso y descenso. Que relaciona el ser humano con el ser divino. Se asciende desde el centro de las plantas de los pies al jeguaká (coronilla) de Ñamandu, así como se asciende al paraíso en el ñengareté; se desciende cuando la palabra alma toma asiento, se encarna. Pararse sobre el centro de los propios pies, es erguirse, es hacerse hombre. El punto en que se unen ambos movimientos, es un centro, centro de la divinidad y del cielo, y el centro de la tierra es el hombre.

El apyka interrelaciona el mundo animal, cuya forma refleja, el mundo vegetal, simbolizado en el material de que está construido y el mundo de la creación humana en la palabra, elemento privilegiado para una cultura que hace de aquella el fundamento del ser.  

Otros símbolos: coronilla = centro del cielo (jeguaka), flor (poty) y gotas de rocío= emanación. El rocío (ysapy) verdadero es de Dios, sin este rocío que amanece en el árbol, no hay vida; pues gracias a él hay aire, pájaros, insectos, todos toman de su agua. No vivirían los humanos. El agua es imperfecta, primero fue  rocío. Tanto aire como agua vienen del cielo, no de la tierra, son signos de vida, condiciones indispensables para vivir, son mediadores entre cielo y tierra, penetran por la boca, son signos de regeneración. Dios, al principio vivía en el aire, y fue acompañado por el maino i. que le alimentaba. El colibrí no se para en ningún lugar, siempre está volando y cuando se detiene lo hace también en el aire. El colibrí es el único ser vivo capaz de alimentar a ñamandú ya que éste todavía no tenía donde apoyarse. Lorenzo ramos dice: Maino i es la cultura mbya.”

 


[1] Félix Jiménez, Angélica Alberico de Quinteros: El principio Creador de los mbya, en: Spplemento antropológico, vol. XXVII, n’ 2, dic. 1992, 71

 

 

 

 

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